No es pais para madres

Cuando tus hijos te hacen pasar un mal rato en público

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bebé-llorando

He apuntado a Diego a Kids&Us. Es una académia de inglés que puedes llevarles desde que tienen un añito y, por lo que leí y ví, me parecía una metodología de lo más divertida y amena. Algo cara pero bueno.

Empezó el otro día en la clase de dos añitos, cuando él todavía no los ha cumplido.

Pero no nos adelantemos. Esa maldita clase fue solo el colofón a una jornada de lo más bochornosa.

Al final todos, absolutamente todos, llegamos a pasar por alguna de las situaciones que antes veíamos en tercera persona por la calle e incluso nos atrevíamos a criticar:

Cuando veía a unos padres poniéndoles la tablet, movil y/o todo lo que tuvieran en mano para poder cenar tranquilamente, yo los criticaba.

Cuando veía que unos niños no querían cenar alguna cosa y los padres les pedían otra, yo los criticaba.

Cuando veía alguna barraquera, siempre pensaba que era culpa de los padres y su posible incapacidad de impartir disciplina.

Cuando veía un niño con la ropa sucia, las uñas largas, sin conjuntar, el carrito con manchas, ect. Yo, con la cabeza baja digo que LOS CRITICABA.

Y puedo poner mucho más ejemplos que me avergüenzan muy mucho.

Diego era un angelito (menos por las noches) y siempre que tuviera alguna cosa que comer, nosotros podíamos cenar tranquilos, salir sin prisas, comprar, todo.

Cuando vio que podía ir de un lado para otro sin nuestra ayuda y comenzó a correr, dar marcha atrás y explorar el mundo que tenía a su alcance, todo cambió.

Ahora prefiere investigar su entorno antes que comer, es imposible que la ropa se mantenga limpia todo el día, las uñas le crecen demasiado rápido y siempre le meto en la bañera con medio parque incustrado en ellas. Y lo de combinar… Pues bastante tengo con que me deje que le ponga pantalones. Odia llevar ropa. Es un hippie.

Y ahora hemos comenzado con los berrinches. Con las cabezonerias, con los caprichos. Así sin más. A veces pienso que lo estoy perdiendo, que se me va de las manos o que me lo han cambiado directamente.

Aquella tarde me encontré con tres amigas con las que no hablaba hacía siglos pero Diego eso no lo tuvo en cuenta y solo quería que le bajase del carrito para poder limpiar la acera de chicles, es limpio para lo que quiere.

Y cuando intentas aplacar las ganas de desfogar de un pequeño aventurero es mucho peor. Es como una olla a presión. Explota.

Llegaba tarde a la clase y no me dejaba meterlo en el carrito por lo que le compre gusanitos (lo que siempre critiqué). Pero como no mastica, se los acabó rápido y quería volver a bajarse. Antes de llegar a la clase hay un parque. Y mientras él se emocionaba porque creía que por fin iba a correr a sus anchas, su furia se iba incrementando conforme iba perdiendo de vista su ansiada libertad para meterlo en un sitio extraño lleno de niños y gente que no conocía.

Muy amables las chicas, me indicaron la clase correspondiente, pero yo ya me temía lo peor. En él estaban cuantro niños muy bien sentados con sus padres y mi monstruo de tasmania de un lado a otro como un loco.

Después de apagarnos la luz de la sala tres veces, intentar arrancar la antena del radiocasette y redecorar la habitación conseguí que centrara su atención en lo que la profesora intentaba decir. Fue presentando, todo en inglés, una caja con un muñeco dentro e indicando que todos la tocarán, uno por uno. Cuando llegó el turno de Diego, que era el más entusiasta todo hay que decirlo, en vez de tocarla se la intentó comer.

Le dije que no, un no que llevaba escuchando toda la tarde demasiadas veces. Y la olla estalló.

Todos me miraron con esos ojos, los mismos que yo ponía cuando no tenía hijos a otros padres, o cuando Diego era pequeño y no me hacía esa clase de cosas y pensaba que no lo haría jamás. Cogí todas mis cosas, y también a Diego, y salimos con la cabeza bien agachadita.

Pasarón cinco minutos en total desde que empezó la clase.

Se acercó una chica y me preguntó que qué pasaba. Yo muy nerviosa le dije que es que era muy pequeño aún, que era de diciembre y la diferencia era demasiado grande. La dinámica de la clase, todos sentados, imposible de seguir. Ahora él pedía más juego físico y no entendía que no pudiera coger el cuadro de la pared y jugar a que es un escudo.

Me dijo que era el primer día, que era normal y más en un niño que no ha ido aún a la guardería. Que podíamos probar en la clase de un año donde habría niños con su nivel, más o menos.

El viernes volveré a ir, a ver que pasa.

Quizás no es Diego sino mis expectativas con él las que fallan. Quizás el parque es el único lugar para un niño tan pequeño. Quizás las pijadas y jugar a ser modernas con clases de inglés a estas alturas, sobran.

Quizás esté viendo el problema que no es. El problema es mío por no ver que es un niño, solo eso.

O puedo echarle la culpa a los demás y chillar que a quién se le ocurre meter a un niño de diciembre con otros mucho más avanzados. A no, que ese problema lo voy a tener también en el cole.

Me voy de compras, paso de pensar.

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8 Comments

  1. Mujer, tampoco te fustigues… jeje
    Yo me he tenido que tragar mis palabras una a una despues de ser madre respecto a muuuuuuchas cosas. Me he llevado Zas en toda la boca… uno tras otro.
    Pero vamos que eso nos pasa a todas y, para más inri, yo he estudiado educación infantil (aunque no ejerza)
    Tú has hecho lo que creías mejor, y si te miraban por encima del hombro juzgándote, pues hija… ya les llegará a ellas el momento (que les llegará)

    P.D. Mi hijo de finales de noviembre así que lo mismito… de los pequeños y yo le llamo mi pequeño explorador porque no para quieto ni uno de los segundos que está despierto (bueno, dormido tampoco se queda muy quietecito, la verdad) y solo tiene 10 meses

    • 10 mesecitos!! que cosa más mona. Pasa el tiempo tan rápido que parece que fue hace un siglo cuando Diego tenía ese tiempo. Veo que también es de los pequeñines, luego serán los más jovencitos y se agradecerá, sobre todo ellos. Mi hombre es de diciembre, y a veces se queda atontao pero por lo general no se le nota jaja

  2. Hola! Veo que suele pasarnos lo mismo a todas las mamis. Yo tampoco iba a dejarle nunca el movil, ni ponerle dibujos para q estuviera tranquilita, ni darle gusanitos para lo mismo… jajaja.

    Es como lei el otro dia por ahi… que siempre somos mejores madres antes de serlo.

    Cuentanos que tal la siguiente clase! A ver si con los mas peques le va mejor. Y poor cierto… ppdrias decir el precio?

    Saludos!!

    • Pues la siguiente clase genial, lloraron todos menos él, para que veas. Lo han puesto con los de un añito y menudo cambio. Es otra cosa. Me gusta mucho como dan las clases y el trato personalizado, la verdad. De momento estoy bastante contenta. El precio ronda los 60 euros, pero las clases son con pocos niños, nosotros estamos tres. Merece la pena.

  3. Hola guapa!

    Hace tiempo que sigo tu blog, y me he decidido a escribirte porque yo también llevo a mi niño a una academia de kids&us, solo que el mío comenzó cuando tenia un año, y ahora ha empezado el segundo curso, el de Linda.

    No te preocupes, es normal que estén nerviosos y no esten acostumbrado a estar mas o menos quietos durante casi 1h, tardan un poco en centrarse pero después les encantan las clases y pillan el inglés super rapido!

    Lo que sí que noto es que el dia que no ha dormido bien la siesta y vamos a clase, se lía y gorda! Pero la profesora que tiene es un amor y en seguida los distrae ( o almenos, lo intenta).

    Así que no te procupes es normal y ya verás como poco a poco mejoran las clases.

    PD: Yo también criticaba a las madres por dejarles el movil mientras se cena en un restaurante.. etc, pero desde que cumplió los dos años o lo distraes así o es imposible comer o cenar fuera de casa, como digo yo, es sacarlo de su “zona de confort” y hace lo que no hace nunca!

    Saludos!

    • Me consuela porque cuando le llevo es una hora muy mala, a veces no me da tiempo a darle la merienda y la lía. Pero poco a poco. No sé, supongo que es normal pero espero que se acostumbre ya que tengo la sensación que cada vez le gusta menos ir.

      ¿Cuánto tiempo tardó el tuyo en adaptarse?

  4. Aún me acuerdo estar en medio del H&M, mi sobrina mayor histérica perdida, llorando, estirada y chupando el suelo.

    Mi hermana me miró y dijo muy tranquila: “Hay dos opciones: o ponerme a gritar hasta que venga servicios sociales, ooooo…. hacer ver que no es mi hija”.

    Se giró y siguió mirando ropa.

    Ese día pensé: “Buaaalaaaa cómo se le va la olla”. Ahora pienso: “Bualaaaa mi hermana es La Jefa”.

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