No es pais para madres

De la vida que viene y la que se va

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abuela

Te estoy cambiando el pañal. Te empeñas siempre en quitártelo porque no te terminas de acostumbrar a él. A veces te pones hasta arriba de mierda y hay que pegarte una ducha.

Te sentamos en la silla porque andas torpemente y tenemos miedo de que te caigas.

Luego te llevo hasta el patio, te tiene que dar el aire. Fuera, repasamos todo lo que sabes para que no se te olvide. Cómo me llamo, quién soy, quién es él, donde estás, etc. Algunas veces me contestas y otras no. Muchas parece que hablo contra la pared, otras simplemente no tiene sentido lo que dices. Pero te sonrío igual.

Alrededor nuestro está lleno de las mismas situaciones. Gente tirando de sillitas, gente paciente, gente que limpia babás, que aguanta barraqueras, que cambia ropa sucia, que va de un lado a otro.

No es una guardería, ni si quiera hablo de Diego.

Estoy en la residencia de mis abuelos y hablo de ella. De aquella puñetera que cuidaba de mi los veranos en el pueblo. Que a las doce de la noche, cuando salía por la puerta, me decía que a y media me quería ver en casa. La de que “no te vas a arrugar la falda, no, porque no te llega al culo…” A la única a la que le tengo que agradecer mis ojos verdes. La que se empeñó en tener solo dos hijos para darle estudios bajo el estigma arcaico de un pueblo que jamás entendió que trabajase. La que parió en agosto a mi tío, después de trabajar toda la mañana cosiendo en casas de suelo reluciente y sábanas de seda. La que parió sin dolor y dio el pecho hasta los dos años sin despeinarse.

Mi abuela se apaga y necesito grabar un pequeño recuerdo de ella, porque se lo merece.

Solo era eso.

También quería hacer un paralelismo con la vida que viene y la que se va. El sarcasmo de la propia vida cuando al fin descubres que naces igual que mueres. Y no solo por lo de las arrugas.

Ahora la película que tanto me marcó de Benjamin Batton cobra más sentido que nunca.

Y nada mas, decirle a mi abuela cuando ya no esté, aunque cada vez está menos, que la veo preciosa así, con tanta vida y tantos recuerdos encima. Que cuando se convierta en tierra, pisaré esta con más cuidado que nunca.

Que te quiero un montón, que me da muchísima pena todo esto pero que tengo que entenderlo y asumirlo. Se cierra una etapa de mi vida, la de mi infancia feliz. Por que sí, el pueblo, la huerta, los pájaros, la piscina, el patio, las rodillas magulladas, las noches locas preadolescentes alejadas del peligro de la ciudad, los paseos hasta el infinito o hasta que los pedales quisieran, el kit kat de un divorcio inspirado en la ll Guerra Mundial, todo, absolutamente todo, se va contigo.

Tus biznieto y los que vengan, sabrán quién eres.

Me dijiste una vez que “tendrás valor de no llorar a tu abuela cuando me muera”. Te dije que “ni por asomo”. Perdona por mentirte.

 

6 Comments

  1. Aii Ana cuanto lo siento! Te entiendo muy bien, la mia se fue al cielo cuando mi embarazo y el sofocon fue muy grande pero creo que era lo mejor, con 89 años y Alzheimer de muchos más.. Mi consejo es que la disfrutes hasta el final un beso

    • Llega un momento que es lo mejor, es ley de vida. Yo lo prefiero así, que sufran lo menos posible. Ella no se entera de nada al menos. Un beso y ánimo, da mucha pena

  2. Lo siento muchisimo Ana. Te dejo esta cancion cuya letra y video a mi hermano y a mi nos encanta porque refleja perfectamente eso que dices de que morimos igual que nacemos:

    https://www.youtube.com/watch?v=0cqKCb8Ydpc

  3. Qué duro! Es esencia de pura vida este post. Muchos ánimos, disfruta con tranquilidad lo que quede. Y sobretodo, habla siempre que puedas de ella. Yo así lo hago. Un abrazo.

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