No es pais para madres

No quiero tener una niña

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Llevaba semanas esperando ver el vídeo, uno de tantos de los que lleva mi padre hablando años. Siempre le gustó inmortalizar a toda la familia, tanto en vídeo como en fotografías.

Verme de pequeña, el pueblo, a mis abuelos más jóvenes, a mis padres juntos… ¿Qué os puedo decir?

Esa tarde veía esa tierna escena de una Anita con 7 años, desdentada, pecosa, con el pelo revuelto, con los hombros quemados por el sol, hablando con toda la inocencia del mundo ante la cámara, contándole a mi padre un secreto para mi increíble. Mientras, como si fuera una voz en off, una voz demasiado interiorizada y ahora carente de muchas cosas, mi padre me reiteraba, como en tantas otras ocasiones, lo increíblemente guapa que era, lo fotogénica y bonita que salía siempre.

Algo se removió en mí, esa noche no pegué ojo.

Al día siguiente, mientras los tres nos arreglábamos torpemente, en una batalla contrarreloj por ver quién llegaba más tarde a sus destinos, le contaba que no quería tener una niña. Le conté por qué y el me dijo que tampoco quería una niña.

La primera palabra que me definió fue “guapa”. Si he escuchado otra con similar asiduidad a lo largo de toda mi vida, y que nada tuviera que ver con mi físico, fue “despistada”. Así crecí, creyendo que mi mayor cualidad era mi cara.

Sin embargo, me desarrollé lentamente, más que la mayoría, eso dio paso a insultos: “plana”, “inmadura”, etc. Pero, por otra parte, los adultos seguían definiéndome con aquella palabra.

Hasta que un día todos los criterios se unieron y aparecieron varias escenas, en distintos años, que se grabarían a fuego tanto en mi mente, como en mi cuerpo, trazando una personalidad que dependería demasiado del exterior.

Con 12 años me gustaba juntarme con mi prima, mucho mayor que yo y sus amigos. Un día terminamos hablando con ellos sobre “cuando me crecerían las tetas”.

Tenía 14 años, recién cumplidos. Era la feria de mi pueblo y yo me tomaba una fanta en un bar, junto con mis amigas. Amigas que se espabilaron mucho antes que yo y, cigarrillo en mano, jugaban demasiado pronto a ser princesas. El chico guapo del pueblo, el cuál nos sacaba unos seis o siete años, también estaba con sus amigos. Todos empezamos a hablar, todos nos conocimos, tanto a nosotros como a nuestros familiares, era un pueblo. Mis amigas coqueteaban. Él me miro, (¡a mí!) y me dijo: ¡qué guapa eres!, cuando tengas 18 años te diré “algo”.

Pero no, no espero a que yo tuviera 18 años. Aquel invierno estaba con él en el asiento trasero de un coche en lo que sería, sin yo saberlo, el comienzo  de una meteórica carrera por odiar el sexo. Y lo mejor de todo es que jamás, hasta esa mañana en la que le conté todo lo que pasó a mi marido mientras estábamos en el baño, se me pasó por la cabeza pensar que toda la culpa no fue mía. Ni si quiera llegué a pensar en lo que pasó como algo del todo malo.

Sobre los 15, me iba al pueblo de mi amiga de la misma edad. Mentía a mis padres diciendo que nos íbamos con los de ella. En realidad estábamos solas en su casa y nada ni nadie nos impedía qué hacer. Con el alba bañando mi ceñido vestido blanco en mitad de la discoteca, un chico se me acercó para “ligar”. Le dije mi edad y huyó como quién ha visto la muerte en su barca. Estaba demasiado cabreada con mi amiga como para no ser borde, y menos mal. Ella llevaba horas con un tío y me había dejado sola. Me fui desde la discoteca, la cual estaba a las afueras del pueblo, hasta la casa donde dormíamos. Durante el camino, dos coches pararon para decirme “cosas” y cuatro chicos a pie comenzaron también a “decirme cosas”. No pasó de eso. ¿En qué se diferencia una niña que no llegó a su destino y yo misma? La suerte, pura y dura.

Con 17 años me lié con uno de mis mejores amigos, en el cuál confiaba. Al día siguiente se enteró todo el colegio de lo que habíamos hecho y él me dejó de hablar. Ni qué decir tiene que mintió sobre la verdad de lo que hicimos exagerándolo para beneficio suyo y, como no, perjuicio mío. Por aquel entonces empezaron a existir los chats, IRC se llamaba. Delante de mi hermano escribieron que era una “puta”, “chupa******”, etc. Ni siquiera me preguntaron si era verdad, daba igual. No quiero saber qué hubiera pasado ahora, con la cantidad de medios digitales que hay para difundir mierdas.

Y bueno, muchas cosas más de las que me arrepiento porque no era consciente, ni por asomo, del peligro que corría.

No me inmutaba en ir sola hasta casa de mi padre por aquel callejón oscuro. Callejón donde no pasaban ni dos meses en los que no se tuvieran noticias de alguna violación.

Le conté esto y mucho más a mi marido. Se preocupó, a veces me mira con ojos de “tienes tantas cosas que no sé, que me asusta”. Pero hizo alguna broma después sobre lo ocurrido en el coche. No me molestó, pero me di cuenta de lo lejos que estamos de espantarnos por lo que realmente merece la pena hacerlo, y no por trajes demasiado coloridos de reyes pasados.

No quiero niñas, lo siento. No me juzguéis.

 

 

18 Comments

  1. Mi pareja dice que cuando nuestra hija sea mayor, empezará a salir otra vez… y la avergonzará tanto que ella dejará de salir… porque no quiere que se le acerque nadie, porque él sabe cómo son los tíos… y cómo son las tías también…

    Yo también he hecho cosas en la adolescencia que no me gustaria que mi hija hiciera, pero creo que a todos nos pasa, no?

    En fin… que sea lo que tenga que ser! Porque todavia no lo sabes, no? Y si es niña, ahora qué? Jajaja.

    Un besito guapa.

    • Avergonzar a su hija para que no vuelva a salir? En serio!!???

      • A ver, lo dice en plan broma!!!!

        • Que no lo he aclarado, jajaja. Pero el transfondo es el mismo creo… Los padres están encantados con tener hijos y enseñarles que a las niñas se les toca el culo. Pero si tienen niñas es muy distinto…

          • No sé a que tipo de padres encantados con que sus hijos toquen el culo de las niñas te refieres… creo que sin maldad y sin consciencia, estás obviando una conducta machista y denunciable.
            Me gustaría saber como son con sus mujeres esos papás que enseñan a sus hijos varones a levantar la falda o tocar el culo de una niña… es una educación y una conducta repugnante que no tiene lugar ni en un contexto de broma.
            Enseñaré a mi hija a pegar patadas en las pelotas de esos niños que tocan culos, y yo haré lo propio con sus padres.

          • Claro que no lo estoy obviando, es lo que estoy diciendo! Vivimos en una sociedad machista. Es lo típico de siempre, el tío que se acuesta con muchas tías es un machito, la tía que se acuesta con muchos tíos es una fulana.
            Debo ser un bicho raro si soy la única que ha escuchado a un padre decirle a su hijo en plan broma que le toque el culo a las niñas, o a dos amigos que van a ser padres comentar entre risas que no quieren tener una niña, no vaya a ser que el otro tenga niño y se la vaya “a beneficiar”. O el otro dia en casa de un familiar, hay tres embarazos, dos niñas y un niño, pues el cachondeo es ese, que se va a ligar a las dos. Pero si fuera al revés, no creo q los padres comentaran lo mismo. Y siempre son comentarios que parten de los hombres, pues nunca he escuchado a una madre decirle a su hija que le toque el culo a los niños, ni a su hijo que se lo toque a las niñas…
            En fin, yo tengo niña y soy feliz teniéndola. Es más, me gustaría que la siguiente también lo fuera. Intentaré educar a mis hijos de forma que aprendan a ser respetuosos y a dejarse respetar, ya sea por su mismo sexo o por el contrario.

  2. No te juzgo, pero te aseguro que si tuvieras una, no querrías otra cosa.
    Y te entiendo, por eso educo a mi hija como una niña valiente, que puede confiar para todo en sus padres y que se sepa defender.
    Me ha sorprendido lo de guapa, yo de pequeña también lo era. Tipica niña rubia con ojos miel y pecas, guapa y seria.
    Mi hija es rubia/blanco con los ojos verdes, y es una auténtica muñeca, pero en casa eso es secundario, nunca haremos comentarios ni buenos ni malos respecto a su físico, ni a su pelo precioso ni a su cuerpo, tenga los cambios que tenga, porque es por encima de todo una niña inteligente, divertida, fuerte, cariñosa y un sin fin de cualidades buenas, dignas de alavar en ella.
    Mi trabajo como mamá de una niña es enseñarla a defenderse de una manera no violenta y saber resolver conflictos o llegado el momento saber cómo poner en su sitio a quién corresponda, y tú cómo mamá de un niño, te corresponde educar a tu pequeño/os en el respeto a las niñas, sean como sean, a valorar por encima de su físico y saber querer cómo se merece.
    Seguro que estás de acuerdo conmigo.

    • Sabes que sí 😉 vamos a educar a un batallón de transgresores, sean lo que sean.

      (El titular es que me daba mucho juego)

  3. Me cuesta entenderte en esto, Anita, creo que nosotras, como mujeres, somos especialmente responsables de criar otro tipo de mujeres. Yo estoy muy orgullosa de ser quien soy, nunca he dejado que me defina ser mujer, soy mucho más que eso y si tengo una hija, será exactamente igual que si es un chico, ni le veo la diferencia ni lo puedo compartir. No soy más débil por ser mujer y si tengo una hija, quiero que ella también se sienta así. No soy más vulnerable, ni más frágil, ni más bella y delicada, soy una persona, de igual lo que tenga entre las piernas y con mis hijos, me pasa lo mismo.

    • Es un simple titular, por su puesto que si tengo niña estaré igual de contenta y orgullosa que si fuera niño. No tiene que ver.

      Es más el fondo de la cuestión lo que importa.

      No cambio nada ni gano nada queriendo no tener niñas, no mejoramos si tomamos esa postura XD

  4. Pues yo una y mil veces querría niña.

    Entiendo perfectamente el miedo que puedas tener, porque yo lo tengo cada día. Solamente con pensar que Abril pueda alguna vez en su vida sentir miedo por ser mujer, me duele tanto que reventaría.

    Todos mis esfuerzos educativos van en una dirección: que mi hija sea fuerte, lista, respetuosa, alegre, que desborde a todo el mundo. Eso creo que lo puedo conseguir, porque materia prima no falta. De momento es perfecta.

    Y todos mis esfuerzos socialmente van en una dirección: que nadie NUNCA, pueda sentirse como tú has descrito. Jamás. Ni miedo, ni inferioridad, ni culpa.

    Educando a mujeres fuertes, potentes, grandes, cultas y respetuosas Y POR SUPUESTO IMPRESCINDIBLE educando a hombres fuertes, potentes, grandes, cultos y respetuosos, es como haremos cambiar esta mierda de sociedad, que tiene un valor enorme, como somos todas, totalmente menospreciado.

    Dicho esto, poniéndome menos seria, vaaaaa te va a encantar tener una niña… y lo sabes. jejeje.

  5. Ser niña/mujer es peor que ser niño, y de eso no me cabe duda….. si volviera a nacer, pediría ser niño.
    Lo que si tengo claro es que si tengo hij@s, les enseñaré que hay que respetar, y que pueden hacer lo que consideren siempre y cuando sean ell@s los que elijan hacerlo, que no sea porque se sientan presionados o por el qué dirán.

  6. Hacia tanto tiempo que no leía algo tan “estupido” perdona por la palabra. Hablo de lo que has escrito no de ti por supuesto. Es tu sentimiento pero no lo comparto. La base está en la educación. Me ha parecido muy machista lo que escribes. Hay está el problema… Qué no educamos ni pensamos en igualdad. Le vas a dar ventajas y libertades a tu hijo que no darás si tienes una hija? Se hace camino al andar… Lo que tú viviste te marco, no lo dudo, y lo siento, por la forma es tu herida, cada uno tenemos unas, pero no dejes que esas heridas lleguen a tu “hij@”. Los niños también tienen muchos problemas, lo que pasa que la sociedad no es justa. Y solo nostr@s educando a nuestros hij@s podemos cambiarlo. Un abrazo

  7. Hola a todas. Aniita. Me he leído todo tu bloog de una sentada.
    Estoy embarazada de 9 semanas o eso dicen ja ja ja y me ha encantado leer tu experiencia.
    Ojalá siguieras este embarazo igual que el de tu hijo pata sentirlo más cercano.
    A mi, la verdad me da igual niño que niña… solo quiero que venga bien.
    Si pudiera elegir… pues niña.. que tenemos más variedad de ropitas y costas.
    Pero para mi eso no es lo primordial
    Un besiiito

  8. Ehhhhhhh que nos tienes abandonásssssss :( Todo bien?

  9. Hola Anita,
    acabo de conocer tu blog, entré en él porque me llamó la atención el título de, precisamente, este post. Te entiendo, y comprendo perfectamente lo que dices. Sobretodo porque recuerdo MUY bien mi época de adolescente. Y ahora, como madre de dos niñas, miedo me da solo pensarlo.
    Pero si algo tengo claro, es que muchas de mis “imprudencias” se habrían evitado si alguien me hubiese aconsejado en su momento. Por desgracia mi madre era de otra época, demasiado retrógrada para hablarme de ciertos temas. Y eso es lo que cambiaré, estaré ahí para ellas, para hablar de TODO.
    Y si me quedase embarazada de nuevo, estaría encantada de que fuese NIÑA.

  10. Bueno, yo tengo un niño y lo primero que le dice la gente cada vez que le ve es lo guapo que es. Nadie le dice que es listo, que lo es, o lo espabilado que está, o lo simpático que es. Solo lo guapo que es. Parece lo único importante. Hasta la pediatra resalta “la cara perfecta” y los “ojos impresionantes” (tiene los ojos azul violeta, con muchas pestañas muuuuy largas, y llaman mucho la atención) que tiene. Aunque coincido en que es algo que está más valorado en las mujeres que en los hombres por regla general (“estoy harta de escuchar lo de “es tan guapo que parece una niña”, como si solo las chicas pudieran o debieran poseer belleza), no siempre es así, En el caso de mi hijo es tan exagerado que tengo miedo de tener un segundo hijo, que salga menos guapo y que acabe pillando celos y complejos por culpa de los comentarios de la gente (conozco un caso en mi familia cercana, y la peque en cuestión lo pasa muy mal cuando la comparan con el hermanito pequeño).
    Pero te entiendo. Las niñas están muy presionadas para ser mayores antes de tiempo. Ropa, maquillajes, chicos… sobre todo sexo y la que no se interesa por todo eso pronto, sufre las burlas de las compañeras y el rechazo de las amigas. Yo fui esa con la que se metían porque era muy infantil y no quería ir a la discoteca o tener novio pronto, o porque fue la última del grupo en perder la virginidad, y a la vez encima la primera que desarrolló el pecho y las curvas, vamos, que me pilló todo. Recuerdo que teniendo 11 o 12 años se me acercó estando con mis maigas un chico mayor a ligar y salí corriendo muerta de miedo (era una niña: él no) y mis amigas se rieron de mí.
    Tengo sobrinos y sobrinas (5 niños y 4 niñas), y el ritmo al que van las niñas a veces me da vértigo. A los niños se les deja ser niños más tiempo. No por eso te voy a decir “no quiero una niña para el segundo”. Me da más o menos igual. Por un lado querría otro chico porque es le experiencia que tengo y estoy encantadísima con mi niño, y porque creo que mi hijo jugaría más con un hermanito que con una hermanita. Por otro, mi marido prefería una niña para el primer hijo, y luego la parejita, aunque ya después de tener el primero, dice que estaría muy contento con dos niños. Pero digo que me daría más o menos igual porque, según está el mundo de las niñas hoy, educar a una me da cierto respeto, sobre todo en la adolescencia, que es cuando más pasan (cada vez más según está la sociedad) y cuando menos confían en ti.

  11. Yo te emtiendo, estoy embarazada de 10 semanas y aun no se qué será, pero prefiero tener un niño. Simple y llanamente porque sé lo que es ser mujer y según mi experiencia es mucho más difícil este mundo para nosotras que para ellos. Mi marido quiere una niña… el no sabe lo que es ser mujer…

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